El cerebro dijo: ya que yo controlo esto y pienso por todos, yo debería ser el jefe.

Los pies dijeron: ya que nosotros transportamos el cuerpo a donde desea el cerebro y le permitimos así hacer lo que quiere el cerebro, nosotros deberíamos ser el jefe.

Las manos dijeron: ya que nosotros hacemos todo el trabajo y ganamos dinero para mantener todo el cuerpo, deberíamos ser el jefe.

Y así siguieron el corazón, los ojos, las orejas y los pulmones….

Pero por fin, el anо habló y pidió ser el jefe. Las otras partes del cuerpo se rieron a carcajadas ante la idea de que el anо pudiera ser el jefe.

Entonces el anо montó en cólera y se cerró y se negó a funcionar. Rápidamente el cerebro enfebreció, los ojos se pusieron bizcos y vidriosos, los pies demasiado débiles para caminar, las manos colgaban sin fuerzas y el corazón y los pulmones luchaban por sobrevivir.

Entonces todos le suplicaron al cerebro que cediera y permitiera al anо ser el jefe.

Y así se hizo.

Todas las partes del cuerpo hacían el trabajo, mientras el anо les dirigía a todos y se ocupaba principalmente de la mіerda, como todo jefe digno de este título.